Pies de Hobbit

Abrimos las puertas de la casa de escucha Farrah (Ker Farrah) en Mbour y llegaron los niños, una muchedumbre descalza, enferma, malnutrida y cansada. Niños obligados a la mendicidad por sus tutores coránicos, que malviven en cuartuchos infectos y oscuros, apiñados en el suelo formando un único bulto de durmientes sin beso de buenas noches y sin canción de amor. Niños que comparten el peor de los sueños y la más terrible de las pesadillas, entregados por sus padres para que los formen y aprendan el Corán, terminan sufriendo la peor de las traiciones: la traición de confianza. Son tantos, que formaron un ejército ante la casa esperando a ser atendidos, escuchados…Pero casi todos llegaron sin voz.

Sólo en la ciudad de Dakar en 2015 había 50.000, y el número sigue aumentando, entre ellos se mezclaban los niños de la calle, que huyeron de la violencia y el maltrato y se perdieron en la indiferencia del mundo. La gente pasa y no los ve, forman parte del paisaje y los turistas les sacan fotos para tener un suvenir.

Entraron con una mezcla de ilusión y desconfianza. A los cuatro días habíamos registrado y atendido a 400, al quinto día dejé de contar.  Tienen los pies tan deformados de andar descalzos recorriendo las calles con su lata, que una compañera los comparó con los pies de los hobbits del cuento mágico. Pero no hay magia en la explotación, ni sus historias tienen un final feliz, son víctimas de todo tipo de abusos, pierden la noción del tiempo y los recuerdos y alguien les ha robado la dignidad y la sonrisa.

Nunca vi niños tan tristes, tan solos, tan perdidos.

Niños sin apellidos y sin norte, arrastrando los pies cansados detrás de la obligada moneda que han de entregar a su explotador al final del día. Hijos de un Dios que los ha olvidado y al que recitan incansablemente versículos que no comprenden, balanceándose frente a su tablilla como si una mano invisible los meciera.

Por la calle son como pececitos dispersos nadando entre la abundancia del turista, a las puertas de la Casa de Escucha de farrah se unieron hasta formar una gran ballena, enorme e imposible de ignorar. Se han hecho visibles.

Quizá alguien se sienta incómodo, quizá tú te unas a nuestro grito.

Tal vez, algún día, el Gobierno senegalés cumpla sus leyes y respete los tratados de protección de la infancia que ha firmado y ratificado, pero mientras tanto nos hace falta tu voz para ponerle nombre a esta infamia.

Porque los niños con pies de hobbit siguen caminando por senderos oscuros, arrastrando su lata de mendigo a la espera de que alguien les lance una respuesta que acabe con su infierno. Hoy como limosna, tienen la casa de escucha y el cielo.

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Pepi Farray – Presidenta de la Fundación Canaria Farrah para la Cooperación y el Desarrollo Sostenible.

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2 respuestas a “Pies de Hobbit

  1. Resulta difícil creer que en nuestro tiempo exista esa miseria, esa falta de escrúpulos. No hay nada mas bello que la sonrisa ingenua de un niño.
    Pero aún resulta más inconcebible que nosotros lo ignoremos mirando para otro lado como si se tratara de otro mundo.
    Tenemos que hacerlo nuestro y vivir y luchar por ello.

    Me gusta

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