El deporte como herramienta en la educación en valores.

Desde la infancia, nos han dicho que practicar ejercicio es bueno para nuestro desarrollo; nos ayuda a mejorar nuestras capacidades físicas, a probar nuestros límites a la hora de conseguir objetivos relacionados con nuestras habilidades motrices, e incluso sirve como vía de escape para descargar nuestra mente de aquellas cosas que nos preocupan, ya que cuando se practica ejercicio normalmente nuestro cerebro se concentra en la actividad que se está haciendo y se olvida de lo demás.

Pero más allá de lo físico y de la liberación de estrés, detrás del deporte podemos encontrar algo que es vital para nuestro desarrollo como personas y nuestra interacción con el entorno que nos rodea: La educación en valores.

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Esta educación en valores que se desprende del deporte tiene diferentes maneras de enseñarse, según el deporte que uno practique y quién nos enseñe a practicarlo. Así, deportes como el baloncesto o balonmano sirven para desarrollar la empatía, el respeto hacia los compañeros y compañeras, el trabajo en equipo… Si practicas artes marciales aprenderás valores como la humildad, la constancia o el respeto hacia el contrario; y así en cada deporte (que no significa que los valores que hay en uno no los puedas aprender en otro, simplemente se aprenden de manera diferente).

Pero al mismo tiempo que el deporte puede servir como una maravillosa herramienta educativa para los niños y las niñas, también puede resultar un arma de doble filo que en vez de educar positivamente a los más pequeños, acabe por enseñarles otro tipo de valores que pueden ser bastante negativos para su desarrollo a través del entorno que rodee esa actividad.

Y es que en el deporte no se aprenden valores únicamente dentro del terreno de juego, hay diferentes factores que influyen en el aprendizaje de los niños y niñas; como pueden ser los entrenadores y entrenadoras, las familias que acuden cada semana a animar a sus hijos e hijas, los aficionados que sin tener relación alguna con los niños y niñas acuden a ver a las nuevas generaciones practicar…

Y aunque muchas veces no se den cuenta, todas esas personas están enseñando algo a los niños y las niñas; la manera en que viven e interactúan con los sucesos que se van dando en una competición.

Por desgracia, en ocasiones esto puede convertirse en una manera de vivirlo poco sana, como si les fuese la vida en ello, comportándose como animales que sólo gritan, insultan, hacen aspavientos obscenos hacia profesionales del arbitraje, entrenadores y entrenadoras, y jugadores y jugadoras. Incluso personas que se supone que están ahí para observar un espectáculo, un evento que debería ser una fiesta en honor a la deportividad, acaban impregnadas de ese ambiente cargado de agresividad, tensión y falta de educación.

Y ahí reside el problema, que se olvidan de las consecuencias de sus actos, de que todo aquello que hacen está siendo analizado, interiorizado y reflejado en los niños y niñas, que más adelante serán adultos reproductores de esos comportamientos tan vergonzosos.

Es por ello que, como hacen muchos clubes, debemos hacer hincapié en la importancia de tener conciencia sobre lo que enseñamos a las nuevas generaciones con nuestros actos, que el deporte debe ser un trampolín hacia la cohesión social, el respeto por los demás, la admiración por personas que muestran habilidades diferentes… y aún más importante, debe ser un elemento integrador e inclusivo para los niños y las niñas, cargado de valores positivos y con un mensaje alto y claro: disfrutar del simple hecho de practicarlo, de las emociones que produce el sentirte parte de ese bello show capaz de mover a millones de personas de su sitio, de abrazarse sin conocerse y de sacar hermosas sonrisas de ilusión a los más pequeños al sentir que tienen algo en común con el resto del mundo: la pasión por el deporte.

Por último, no podemos dejar de agradecer encarecidamente el trabajo de todas esas personas (familias, entrenadores/as, árbitros/as, jugadores/as, clubes) pertenecientes al mundo deportivo, que luchan cada día por enseñar a los demás en qué consiste el deporte y los verdaderos valores que existen detrás de estas prácticas; ellos y ellas son los verdaderos protagonistas del cambio.

Especialmente, queremos agradecer al Club Deportivo Santidad Banot, un gran ejemplo de educación en valores, que ha contagiado solidaridad a más de 30 clubes de fútbol, en una campaña solidaria con nuestro continente vecino.

“Hay demasiado énfasis en el éxito y en el fracaso y muy poco en cómo la persona progresa a través del esfuerzo. Disfruta del viaje, disfruta cada momento y deja de preocuparte por la victoria y la derrota” Matt Biondi.

Adso Morales Arencibia – Educador Social en La  Fundación Canaria Farrah para la Cooperación y el Desarrollo Sostenible.

Adso-Blog

Contratación con cargo al Programa del Servicio Canario de Empleo de Colaboración con la Comunidad Autónoma, Universidades e Instituciones Sin Ánimo De Lucro, con Centro de Trabajo en esta Comunidad Autonoma, que Contraten a Trabajadores Desempleados para la Realización de Obras y Servicios de Interés General y Social en el ejercicio 2017

 

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