BAILAR LA VIDA

La motricidad forma parte del individuo desde el mismo instante de su formación. A no ser que exista algún problema que lo impida, los seres humanos usamos el cuerpo como instrumento de expresión desde la primera infancia. El llanto, las expresiones faciales y los imprecisos movimientos de los primeros días y meses de vida, avisan a las madres del hambre, sueño, incomodidad o felicidad de los bebés. Los niños y niñas comunican sus emociones a través del cuerpo y los adultos respondemos a sus necesidades entendiendo, casi siempre a la primera, cuáles son sus demandas.

A medida que vamos creciendo y adquiriendo el habla, no dejamos de comunicarnos con el resto de nuestro cuerpo. Existe toda una ciencia detrás de la comunicación no verbal; lo que se dice cuando callamos, lo que se calla cuando hablamos, la postura, el gesto… El cuerpo habla por nosotros y además de hablar por ellos, los niños y niñas aprenden a través de él.

Pedagogos como Emmi Pikler o Bernard Acouturier basan sus estudios en la importancia que tiene el movimiento en la infancia, ya que esta es la manera natural que tienen de comunicarse, relacionarse y entender el mundo que les rodea. Jugar, moverse libremente y bailar son actividades que, si se practican desde edades tempranas ayudarán a mejorar el desarrollo físico y mental de los pequeños. Y no hay mejor manera de expresar emociones y sentimientos con el cuerpo que a través de la danza.

Bailar es una de las formas más primitivas que tiene el ser humano de comunicarse. Desde la antigüedad, muchos pueblos y tribus llenan su folklore de bailes y música. Se baila para celebrar, para mostrar respeto al adversario, para seducir, para estar más sanos, para aprender… En definitiva, bailar es inherente al ser humano. La danza forma parte de la cultura de todos los pueblos y éstos expresan su identidad a través de ella.

Por tanto, el baile en la niñez es fundamental. No es necesario llevar a los niños y niñas a academias de danza para que se conviertan en bailarines profesionales. Sólo hay que dejar que se muevan y se expresen libremente. Y si esos movimientos van acompañados de música, de manera natural, bailarán. Por ello, incluir sesiones de danza y actividades coreográficas en proyectos socioeducativos destinados a la infancia favorecerá, entre otras muchas cosas, a la psicomotricidad, la autoestima, la gestión emocional y a la relación con los compañeros y compañeras.

No se trata de bailar mejor o peor, se trata de mover el cuerpo, de dejarse llevar… Cuando suena música es inevitable no moverse, incluso alguien que se considere a si mismo arrítmico, se moverá. Debemos fomentar que los niños y niñas se expresen a través de la danza y, sobre todo, que disfruten bailando. Y lo mismo deberían hacer los adultos, porque la vida es un poco más divertida cuando se baila. Así que bailemos la vida para ser un poco más felices. Acaso, ¿no se trata de eso?

Chaxiraxi Gaspar Felipe – Educadora en La  Fundación Canaria Farrah para la Cooperación y el Desarrollo Sostenible.

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