Juegan a ser madres…

Se acerca la Navidad, y con ella comienza el bombardeo de anuncios de juguetes. Anuncios rosas que muestran a las niñas jugando con bebés de juguete y muñecas. Juegan a ser madres, juegan a vestir, maquillar, peinar, cocinar, etc., mientras los niños aparecen manejando coches teledirigidos, armas de juguete y muñecos de acción. La estética que los acompaña a ellos es más potente y enérgica, ellas aparecen acompañadas de una canción dulce. A ellas se las representa en actitudes más pasivas y sumisas, y ellos en una postura más dominante, asumiendo el control.

A veces parece que se nos olvida la importancia que tienen los juguetes y la connotación sexista de los mismos en la socialización de los niños y las niñas. Ellos y ellas descubren y adquieren mediante estos una serie de roles que les han sido asignados en base a su sexo. Sin embargo, si sus elecciones difieren de lo estipulado como “adecuado” con respecto a su sexo biológico, su grupo de iguales y la sociedad pueden poner en entredicho su identidad sexual, independientemente de cuál sea. Y no es lo único preocupante. La connotación sexista de los juguetes reproduce estereotipos de género fuertemente arraigados en nuestra sociedad, limitando la figura femenina a la maternidad, a la preocupación por su apariencia y a su responsabilidad con respecto al hogar. Se las representa alejadas de la esfera pública, al contrario que a la figura masculina.

Estos roles son interiorizados por los niños y las niñas, de forma que estos continúan perpetuándose. Por ello no ha de extrañarnos que los juguetes tengan una influencia directa en la violencia de género, que comienza a darse a edades tempranas, durante las primeras relaciones de pareja en la adolescencia. Permitimos esta socialización diferencial de género, y de esa manera contribuimos a que se establezcan, desde la adolescencia, relaciones desiguales de poder en las parejas. No permitamos que a los colores y a los juguetes se les cuelgue una etiqueta de género, ni creamos que estos pueden aumentar o amenazar la masculinidad y feminidad de los niños y las niñas: dejemos que se sientan como son, sin peros, sin limitaciones.

No eduquemos machos dominantes y violentos, ni niñas sumisas. Eduquemos en valores, en igualdad de condiciones y oportunidades, para que los niños y las niñas sean conscientes de las desigualdades que les rodean.

Helena Santana Araña –Educadora Social de la Fundación Canaria Farrah para la Cooperación y el Desarrollo Sostenible.

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