NO, ASÍ NO SE PUEDE.

En este camino compartido somos muchas las personas que creemos firmemente en que un mundo mejor es posible, gracias a cada proyecto que se construye y se erige sobre las profecías derrotistas.

Aprendemos cada día que el análisis y la reflexión son las mejores herramientas para la acción y que la humildad es un paradigma ético bajo el que debemos protegernos de los peligrosos y deslumbrantes egos. Y cada proyecto se construye con las gentes, con compañeros y compañeras de trinchera que luchan por transformar su barrio en un lugar amable, porque un proyecto se formula como un deseo colectivo, en el que tú y yo se pierden y se conquista el todos y todas.

Y a cada paso comprobamos que hay miles de manos formando un escudo contra la sinrazón, manos que revisan informes, que escriben, que dibujan planos para no perdernos, manos que prometen desde su cargo político porque pueden y firman y cumplen. Maravillosas y diversas manos que trabajan defendiendo los colores de sus banderas, con rigor, con respeto, con ética.

Pero a veces de las sombras aparecen sólo rostros sin manos laboriosas, atraídos por la luz de una hoguera encendida por muchas manos humildes y confiadas en poder cambiar el mundo. Son las caras duras pero sonrientes de los que creen que “poder” es jugar con el trabajo de los que creen que de verdad “se puede”.

Esas caras sin gente detrás, sin buena gente, que irrumpen en escena como elefantes en una fábrica de cristal, creyendo en el poder y no en el podemos. Y ese poder puede quebrar los frágiles cimientos de la participación y de la confianza de las gentes.

Caras sin nombre, innombrables, que vuelan sobre un nido como un cuco y se lanzan en picado contra él arrastrando con sus plumas las miles de horas que tardó en construirse.

Cada noche pensamos en que tal vez mañana podremos borrar de la faz de los barrios el cartel de “riesgo y vulnerable” pero sabemos que no basta con pintar la vida de azul para que se vuelva dulce y que no se puede hacer demagogia en las plazas del pueblo porque siembras sordera.

Cada mañana volvemos al trabajo sabiendo que cesará el ruido cuando ya no estén los profetas vociferando, ni los farsantes vendiendo pócimas milagrosas, ni la estúpida farándula perturbando la paz del vecindario. Y seguimos subiendo las cuestas en silencio, admirando los muros pintados por los niños y las niñas, con sus manos con nombre.

Y cada tarde bajamos por las sendas de la prudente calma recordando al cantor y sabemos que “las paredes no retendrán tu ruido”.

Salud para las personas que sueñan, para las que pueden, para las que lo intentan y para las que trabajan con honestidad.

Pepi Farray – Presidenta de la Fundación Canaria Farrah para la Cooperación y el Desarrollo Sostenible.

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A Pie de Risco
Fundación Canaria Farrah

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